2 del 2.
2 de febrero.
Tic tac, la cuenta atrás avanza sin pausa.
Segundo Peldaño de la Escalera Sanferminera 2026.
Un peldaño dedicado a algo que necesitaba hace tiempo.
Una espinita pendiente.
Ya tocaba.
Esto no es un artículo sobre unas hojas de papel.
No es un artículo sobre un periódico.
Es una declaración de amor.
A una forma de correr que todavía sabe a verdad.
A una forma de correr añeja.
Basada en el respeto y la esencia.
Bella.
Romántica.
Sublime.
A menos cinco.
A menos tres.
A menos uno.
Toda una Cuesta eleva los periódicos al cielo.
Toda una Cuesta pone los miedos y el corazón apuntando al Santo.
Toda una Cuesta, llena de mozos y mozas, reza cantando periódico en mano.
Toda una Cuesta pone su fe y sus sueños en San Fermín y en el periódico.
Hay carreras que aceleran el pulso.
Y otras que, sin saber por qué, lo ordenan todo por dentro.
Las que se hacen con periódico suelen ser de estas últimas.
Estas carreras que te hacen vibrar.
Que te hacen sentir.
Estas carreras que se guardan en la retina para los restos.
Inolvidables.
Con sabor.
Con gusto.
Con clase.
Con temple.
La belleza, cuando aparece, es inconfundible.
En el Encierro de Pamplona también.
Y suele llegar envuelta en papel de periódico.
Periódico en manos de mozos vestidos de blanco.
La perfección.
Porque si hay belleza, si hay perfección… también hay historia.
Hablemos pues de esta singular, especial y maravillosa tradición.
Intentando encontrar el origen, he encontrado distintas versiones y distintas teorías de por qué se comenzó a correr periódico en mano en el Encierro de Pamplona. El caso es que casi todas las fuentes apuntan al mismo origen, pero no todas las fuentes apuntan a las mismas fechas. Todo parece indicar que a un mozo —según Marivi Salvo, en el libro “El libro de Oro del Encierro”, fue un pamplonés por nombre Jaime Mondragón— le sorprendió el cohete con el periódico recién comprado, y como no quería perderlo, corrió con él.
Marivi en este libro no habla de fechas. Sí lo hacen Javier Solano y Chapu Apaolaza, este último por boca de Javier Manero, la Biblia en esto. Javier Solano asegura en su libro “El Encierro de Pamplona” que fue en los años cuarenta cuando alguien comenzó a correr con un periódico y que por imitación lo secundaron otros mozos hasta que se convirtió en costumbre.
Chapu dice lo mismo en su libro “7 de Julio”, pero con una diferencia; pone en boca de Javier Manero lo siguiente: En sus fotos, hasta los años cuarenta no hay casi nadie con periódico. “En los cincuenta ya se ve más gente con la prensa en la mano y a partir de los sesenta ya se va generalizando”. Es decir, antes de los cuarenta no hay casi nadie, pero ese “casi” significa que algún mozo sí lo utilizó, como así se puede ver en fotografías que he visto de los años 20 y los años 30.
Independientemente de la fecha exacta del origen, lo cierto es que en la segunda mitad del siglo pasado se popularizó, se hizo costumbre… y terminó convirtiéndose en tradición. En los mismos libros, se apuntan diferentes usos del periódico en carrera, algunos muy escuchados y popularizados. Como por ejemplo, la célebre definición que cita Javier Solano de Jesús Arlés “El periódico es el tubo de escape del miedo”.
Y es que, al igual que para cada corredor el Encierro puede significar una cosa distinta, el uso del periódico también. Hay quien dice que se puede hacer un autoquite puntual. Difícil veo esto. Aunque sí que mis ojos han visto hacer quites a otros mozos sólo con un periódico en la mano, como por ejemplo en la curva de Telefónica antes de enfilar la Bajada al Callejón, intentando evitar que los toros se vayan directos a por la gente parada que no debería de estar ahí. O también en más de una ocasión con los toros sueltos, que gracias a tirar de periódico se han evitado percances y se han salvado vidas.
Me decía Pablo Alfaro el día que lo entrevisté que él corre con periódico porque “sentía que es como tiene que ser, como mandan los cánones. Poniendo el periódico en la cara al toro, guiándole, y luego siento que es una herramienta muy buena, en caso de que haya un toro rezagado, pues para tirar de él. Incluso, in extremis en último momento, si un toro hace por ti, lanzarlo.«
Uno de los usos populares que a mí más me convence, o que más me gusta, o que sueño con ese uso, es el de la distancia. El poder darle la distancia necesaria al toro a través del periódico, medir el hueco, medir esa distancia. Difícil también a día de hoy, aunque no imposible.
De esto también me habló Ander Melero cuando le entrevisté, pues me dijo que: “Me encanta correr con periódico porque veo que el encierro tiene más esencia y a la vez me siento más corredor y veo que con el toro me siento más seguro. Es como una referencia con el toro y una forma de darle su sitio e intentar templarlo.“
Independientemente de esto, voy a hablar de lo que a mí me aporta el periódico como espectadora, como aficionada, como enamorada del Encierro de Pamplona. Como romántica que sueña con él.
El periódico es cultura. Es tradición. Es esencia. Es pureza. Es sentimiento. Es amor. Pero, sobre todo, el periódico es belleza. Y es que resulta imposible olvidar una buena carrera con el periódico en la mano. Es difícil no recordar ese temple, ese gusto, ese arte, esa elegancia, esos cambios de mano, como quien hace un cambio de mano con la muleta. Esos quites medidos, ese compás, esa estética. Esas carreras, esa verdad, esa belleza. Inolvidable, inigualable. Mágico. Las carreras periódico en mano tienen magia, tienen duende, tienen esencia.
Centro de la calle, periódico en la mano, brazo atrás, distancia justa y medida, blanco y rojo. Un sueño. La perfección.
En Pamplona, los toros se informan de lo importante del mundo en esos días a través del Diario de Navarra o del Diario de Noticias, que los mozos les dan a leer cada mañana. Y es que, esos días lo importante del mundo, de nuestro mundo, pasa en esos maravillosos 850 metros de adoquines en la Perla del Norte. El periódico no sólo es tradición, sino que en sus páginas se escribe la historia del propio Encierro. Cada letra, cada crónica, cada foto, cada página son un capítulo para la Historia del Encierro de Pamplona.
Además, hay algo especialmente bonito en San Fermín: los toros, cada mañana, se encuentran con la portada del día anterior, con lo que esos mismos mozos hicieron sobre los adoquines en el encierro anterior. Antes de correr, los mozos pueden mirar sus fotos, repasar crónicas de sus hazañas —o de sus no tan hazañas— y contemplar las caras de los toros que en pocos instantes ascenderán por Santo Domingo, por esa Cuesta infinita que también apunta al cielo.
Por desgracia, también verán los percances del día anterior, a veces leves, otras veces no tanto. En esas ocasiones, no renunciar al periódico adquiere un valor añadido: se corre con la verdad en la mano.
Con la verdad del Encierro.
De lo que puede pasar, y pasa.
De lo que es el Toro.
De lo que hace un Toro.
De su verdad.
La verdad de esto.
La verdad del Toro.
Pero hay quien no verá nada, ni leerá nada, pues lo único que necesita es el papel. El papel en las manos. Doblar esas hojas en abanico y pasar esos momentos de miedo, incertidumbre y tensión aferrados a esas letras, arrugándolas, agrietándolas… y sosteniéndolas como si la vida dependiese de ellas.
Los mozos en Pamplona que corren con el periódico en la mano corren con la tinta que escribe su propia historia entre sus dedos. Y, mientras lo hacen, se comienza a escribir el siguiente capítulo para los anales, para la memoria de un Encierro que, para muchos, es una forma de vida. Así que, mientras algunos corren con las manos libres, otros corren con la historia entre los dedos.
Chapu en su libro dice: “Muchos mozos se han dejado los nudillos en el suelo por no tirar el periódico.” Doy fe, hay mozos para los que el periódico parece una extensión de su propio cuerpo, como si estuviese pegado con loctite, y que ni siquiera una caída puede hacer que lo pierdas. Como aquel corredor que lo perdió un día y luego viendo el vídeo de la carrera lo único que quería era encontrar su periódico. Y es que el periódico se convierte en un tesoro. No, miento. El periódico es un tesoro. Un tesoro que hay que guardar y conservar. Una joya. La joya a conservar después del encierro.
O cómo olvidar esas carreras seguidas de un extraordinario corredor que no paraba de perder la zapatilla por unas cosas u otras, pero que en ninguno de los casos perdió el periódico ni dejó de correr; siguió culturizando a los morlacos mientras ejecutaba una nueva forma de correr: zapatilla en una mano y periódico en la otra. A veces, las dos cosas en la misma mano.
Cosas de genios.
Algunos compran uno por día, otros utilizan uno para los ocho días, el cual llega al último con la tinta corrida, pero lleno de vivencias, experiencias y emociones. Me contaba otro corredor un día que él corría todos los días de San Fermín con el mismo periódico y que después coleccionaba los periódicos de cada año.
O ese otro mozo que lo que colecciona son los periódicos que les sustrae a otros corredores y los guarda como oro en paño. O ese otro mozo, que me contó el año pasado que todavía conserva su primer periódico, y ahí estaba, el 7 de julio de 2025 con un ejemplar del Diario de Navarra de 1986 en la mano. Así que sí, se convierte a lo largo de los días en una joya a conservar.
Y es que, el que corre con periódico se siente vacío, o vendido, cuando no tiene uno en la mano. Esa llamada a falta de unos minutos de comenzar una carrera: “¿Dónde puedo comprar un periódico? ¿Hay algo abierto?”
En esos casos hay que mover cielo y tierra, pues nada puede privarnos de una buena obra de arte, en forma de carrera, por la falta del papel.
Quizá por eso el periódico ha sobrevivido al paso del tiempo, a las modas, a los cambios, a las nuevas formas de entender el encierro. Porque no responde a la lógica de la utilidad, sino a algo mucho más difícil de explicar: responde a la necesidad íntima de dotar de sentido al gesto. De dar sentido a tu forma de entender el encierro.
El periódico no es obligatorio.
No es norma escrita.
No es reglamento.
Cada cual corre como siente.
O como necesita correr.
O como se siente seguro.
Muchos con las manos vacías.
Otros con la prensa en la mano.
Grandes carreras tanto de unos como de otros.
Cada cual honra el encierro a su manera.
Sin embargo, quien corre con el periódico en la mano sabe que está participando de algo más grande que su propia carrera. De una liturgia que no se enseña, que no se impone, que se observa y, simplemente, se hereda.
Como se heredan las maneras de estar en la mesa.
Como se heredan los silencios importantes.
Como se heredan los gestos que no hacen falta explicar porque, cuando se pierden, algo duele en el alma.
El periódico pertenece a esa categoría de cosas: las que no hacen falta, pero sostienen todo. Las que no se imponen, pero que se necesitan. Las que no son necesarias, pero que si no estuvieran nada sería igual.
No todo el mundo entiende una carrera con periódico.
Tampoco hace falta.
Hay cosas que no están hechas para explicarlas, sino para sentirlas.
Y, mientras haya un mozo que corra delante de los toros con un periódico en la mano por las adoquinadas calles de la Vieja Iruña,
el Encierro seguirá siendo Encierro.
Larga vida al periódico.
¡Viva San Fermín!
¡Gora San Fermín!
Ya Falta Menos.

