No descubro nada si digo que los Corrales del Gas son uno de mis sitios favoritos de Pamplona. Ahí, cualquier aficionado es feliz contemplando de cerca esas «pinturas» que viajan cada año a la capital navarra. Es mi lugar de culto; me gusta pasar horas allí metida. Y fue allí donde conocí a Alfonso Vázquez, mayoral de Fuente Ymbro. Un hombre trabajador, sencillo, humilde y, por encima de todo, una buena persona que se portó de maravilla conmigo.
El año pasado, apenas unos días antes de San Fermín, cuando en los corrales todavía reinaba la calma y solo había dos ganaderías, quedé con él para entrevistarle. Recuerdo aquella entrevista con un cariño inmenso. Al terminar, solo deseaba que toda la ilusión que aquel hombre bueno había puesto en sus toros diera sus frutos en la plaza. Eran toros con nota, de una presentación impecable, criados con el mimo de quien sabe lo que tiene entre manos. Cuando escuchas a un hombre de campo hablar de toros con tanta sabiduría, una sólo puede aprender y disfrutar.
Solo han pasado unos meses de aquel día y hoy, con lágrimas en los ojos, escribo estas líneas para contar que Alfonso nos ha dejado tras una dura enfermedad. Una noticia que nunca hubiera querido contar.
Alfonso dedicó su vida entera al toro bravo. Se crió de niño en la finca donde trabajaba su padre, oliendo a campo y a casta desde la cuna. Escucharle hablar del campo con tanto amor, oírle decir los días se le hacían largos en Pamplona porque le faltaba la actividad frenética de la dehesa, generaba un respeto y una admiración absoluta. Para él, la Feria del Toro era lo más importante. “En la Feria del Toro, el Toro es el que tiene el protagonismo” decía.
Este año, Alfonso, cuando visite el Gas te voy a echar de menos. Sé que no seré la única; seremos muchos los que sentiremos ese vacío en el corral. Pero, de una u otra forma, estarás allí presente. En tus toros, en tu trabajo, en todo lo que dejaste hecho, en tu legado. Tus toros volverán a Pamplona con tu sello y con tu trabajo, y tú, seguro, los estarás viendo desde el cielo.
Desde allí arriba les echarás un «capotico» para que no peleen en el Gas, para que por la mañana brillen en la calle y para que por la tarde sean los más bravos de la feria. Seguro que así será. Porque, Alfonso, a lo largo de tu vida, has criado muchos toros bravos. Muy bravos.
Como me dijiste, el Toro era tu vida.
Descansa en Paz, Mayoral.
Mis más sinceras condolencias a sus familiares y amigos.

