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jueves, 15 enero 2026

Del monte al papel: relato ganador del Certamen Literario al Pilón de Falces 2025, categoría adultos

El día 22 de noviembre se hicieron entrega los premios a los ganadores del Certamen Literario de relatos al Pilón de Falces. Los ganadores fueron Iosu Echevarria Zubizarreta en la modalidad juvenil y Ana Cristina Pérez Blasco en la categoría de adultos, es decir, servidora.

Os traigo el relato ganador de la categoría de adultos y próximamente publicaré el de Iosu. Pasen, lean y sientan: 

Relato Ganador Certamen Pilón de Falces 2025 Categoría Adultos

Acaba de comenzar el verano, y aquí estoy, bajo el sol falcesino, el sol navarro que asfixia en estos días de junio, y mientras doy un paseo por esta tierra navarra, escucho cómo mi hija y sus amigas se preparan para ir al Pilón este año. 

Oigo los cuchicheos; a veces se pelean entre ellas: todas quieren ir. Todas quieren ver la preciosidad del monte de Falces, donde cada roca habla de historia, y la majestuosidad de su Pilón. Todas quieren vivir la adrenalina que cada mañana, en esa semana de agosto, se experimenta en aquella cuesta infinita de tierra, piedras y rocas. Me tienen loca con sus miradas y sus habladurías. Hablan del riesgo y del peligro. Cuchichean de otras vecinas, que si no saben disfrutar, que si mira tú que esa se fue tras ese. En fin, lo típico en esas edades. 

A mí me gustaba ir. Me gustaba ver las caras del personal cuando me veían aparecer: tan guapa, tan elegante y tan seria. Eso sí, siempre iba con ganas de fiesta. Siempre dispuesta a vivir con intensidad el Pilón. Siempre preparada para la tierra, siempre a punto. 

Ahora no puedo ir. Lo echo de menos. Estoy muy mayor, achacosa. No es recomendable que visite ese encierro al que amo tanto. Pero recuerdo los días de jolgorio y gloria en aquel monte bello. Recuerdo la valentía de los corredores. Los gritos de los espectadores. Recuerdo subir esa cuesta al amanecer, con esa luz dorada del alba. Esos rayos de sol que calentaban el alma y eran un chute de energía para el cuerpo y la mente. Una belleza sin igual que tengo grabada en la retina para todo lo que me quede de vida. 

Recuerdo ese olor a café de desayuno, a churros y a caldico. Recuerdo los consejos que me daban, a los que casi nunca hacía caso. Siempre he sido muy libre, a mí plín con lo que me dijeran. Yo sólo quería pasármelo bien y dar categoría al encierro de mi pueblo con mi presencia. Recuerdo haber vivido tantas cosas que, ahora, sólo siento nostalgia… y un poquito de envidia por mi hija y sus amigas. 

Yo también iba con mis amigas, ellas eran más tímidas que yo. Les gustaba también la fiesta, como a mí, pero solían ser más obedientes, aunque siempre había alguna díscola como yo, que me hacía caso en lo que le decía y mano a mano nos lo pasábamos pipa. Yo era muy curiosa y mandona. Me gustaba vivir las cosas por mí misma, que nadie me las tuviera que contar. Me gustaba descubrir cada centímetro del Pilón con esos hombres y mujeres valientes que ahí se congregaban. 

Ahora soy yo la que doy consejos, con mis arrugas y mis canas cuidadas. Consejos a mi hija y sus amigas. Les aconsejo, les digo que se fijen en todos los detalles, que vivan el Pilón como si fuera el último, porque nunca se sabe lo que nos puede deparar el destino. Les digo que vayan allí con el corazón al aire, que se entreguen a esa Cuesta de miedos y sueños. 

Les digo que saquen esa sangre navarra que les corre por las venas y que disfruten, que esto es algo único, algo que sólo se vive una vez al año. Algo que no se vive en ningún otro lugar del planeta. Les digo, que guarden sus energías para esa semana, que no malgasten el tiempo en otros sitios. Que sí, que está bien ir al pueblo de al lado para calentar y pasarlo bien un rato. Pero que no se confundan, que como el Pilón, no hay nada. Es inigualable lo que aquí se siente. Cuando vivía una mañana en el Pilón, esa emoción me duraba todo el año. Me pasaba los 365 días siguientes, recreándome en esos recuerdos. 

Yo fui la reina del Pilón, la encargada de poner a prueba a tantos corredores. En cuanto veían aparecer mi belleza cárdena, algunos echaban a temblar. Nunca se lo puse fácil. Y la lié parda en muchas ocasiones. Muchos probaron mi bravura y acabaron en el suelo. Algunos probaron mis astas, otros terminaron en el hospital por mi casta. 

Soy la 600. Y el año pasado mandé a mi hija a que continuase mi legado. No me decepcionó. Se subió por el monte y puso en apuros al personal. No hizo nada grave, es noble, como yo. Sólo que nos gusta la fiesta, nos gusta dar espectáculo. Somos bravas. Nobles, pero bravas. 

Bueno, creo que mi hija es un poquito más noble que yo. Como os comentaba antes, a mí me gustaba sacar la raza, la casta y la bravura. En esa cuesta, yo no conocía a nadie. Sólo iba a dar todo de mí, se pusiera quien se pusiera delante. Mi hija subió al monté y perdonó a demasiados. Yo no perdonaba, yo arrasaba y me llevaba por delante al que me tuviese que llevar. 

Así que nada, este año volveré a vivir el Pilón a lo lejos. Desde aquí escucharé los cohetes, el canto a la Virgen de Nieva. Desde aquí escucharé la voz de los que me cuidan con tanto mimo llamar a mi hija y sus amigas. Escucharé al gentío. Y, mientras tanto, seguiré añorando mis buenos años. Esos años en los que me temían, y con razón. Esos años en los que alguno tuvo que pasar por la DYA gracias a mi trabajo. Esos tiempos gloriosos en los que veía a esos hombres tan valientes intentar bajarme del monte. Esos hombres especiales, que tienen un corazón tan potente como el mío. 

Me queda poquito, pero no me rendiré nunca. Como buena vaca brava criada por Don Teodoro. Esperaré en el campo a que vuelva mi hija, y me cuente con ilusión sus aventuras por el monte. Esperaré, mientras el duro sol del verano acaricia mi lomo. Esperare a que vuelva Teodoro, a que vuelva Santiago y me digan lo guapa que soy. 

Soy la 600. Y aunque mis patas ya no hagan temblar el monte, mi nombre y mis andanzas perdurarán siempre en su memoria.
Larga vida al Pilón.

Título: La Reina del Pilón

Antes de nada, tengo que dar las gracias a Falces en general por darme tanto. Pero, quiero contar un poco el motivo de este relato. En junio, Teodoro Vergara me invitó al herradero. Ahí, vi a la 600, y la vi muy mayor. Conduciendo de camino a casa pensé en ella y me llegó la inspiración: tenía que escribir sobre ella. Entonces recordé el certamen literario, y opté por escribir sobre ella para el certamen, para que pasase a la historia. 

Desgraciadamente a día de hoy, la Reina del Pilón ya es historia, así que, sirva este relato como homenaje a la vaca más recordada y reconocida del Pilón de Falces. Gloria eterna a las Vacas Bravas. Gracias, Teodoro. Gracias, Santiago.  

En los próximos días, a finales de diciembre y comienzos de enero, publicaré más contenido sobre el herradero y el relato, para quienes quieran conocer más de cerca esta historia. Pero os dejo un avance que ya publiqué en agosto: así estaba la 600 el día que su nieta corrió el Pilón 2025. Sí, este año fue su nieta la que corrió, y no su hija.

LA REINA DEL PILÓN

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