A lo largo de la historia del Encierro de Pamplona, muchos son los mozos que han corrido por sus calles, muchos locales, otros de fuera. Sin embargo, pocos de ellos se han convertido en Leyenda. Es el caso de Matt Carney, americano, quien, en los años 50 cuando vivía en París tras la Segunda Guerra Mundial, decidió cruzar la frontera y bajar a la Vieja Iruña para conocer sus fiestas. Se integró rápidamente, decidió correr el encierro, y le costó poco ganarse el respeto de los corredores locales, por su buen hacer en las astas y su elegancia corriendo. Despertaba admiración entre público y corredores hace unos 80 años. Ese respeto que se ganó en la calle le sirvió para recibir una invitación muy especial, nada menos que unirse a la recién fundada Peña Anaitasuna. Privilegio muy difícil de conseguir para un corredor de fuera, privilegio que no estaba al alcance de cualquier guiri. Desde entonces, cada año visitaba esta ciudad para vivir las fiestas y los encierros hasta su fallecimiento en 1988. Ha sido, es y será el mejor corredor americano de encierros.
Esta mañana, en la terraza del Txoko, lugar de encuentro de los americanos en Pamplona, hemos tenido la oportunidad y el privilegio de entrevistar a su hija, Deirdre Carney, quien recuerda esa etapa con su padre viniendo a Pamplona de una manera muy especial y la cual, a día de hoy, mantiene vivo el legado de su padre siguiendo sus pasos, es decir, corriendo el Encierro de Pamplona, ese Encierro que amaba y respetaba tanto.
Buenos días, estamos con Deirdre Carney, hija del mítico corredor Matt Carney, que ha sido el mejor corredor de encierros americano que ha tenido Pamplona, ¿Qué me puedes contar de tu padre, cómo descubrió el Pamplona?
Mi padre vino en 1952, era un soldado de la Segunda Guerra Mundial y vino con sus amigos, también americanos, y se enamoró de la cultura y de los toros. En ese momento, vivía en París y venía cada año, conocía a la Peña Anaitasuna.
Peña Anaitasuna, de la que es presidente Carmelo Buttini…
Sí, los conocía. Él empezó a correr el encierro. Se lo pasó muy bien con otros corredores y tenía mucho respeto.
Tu padre enseguida consiguió el respeto de Pamplona y de sus corredores, algo muy difícil de conseguir para un americano. Tu padre fue el primero en ganárselo…
Es lo que entiendo, sí… conocía a Atanasio y a antiguos corredores del encierro de Pamplona.
Tu padre no sólo se ganó el respeto, sino que hizo carreras que hasta entonces no se veían. Se ponía delante de los toros y corría muchos metros, que en esa época no era muy frecuente…
¡Y con alegría! Siempre tenía una sonrisa. Si veis las fotos, está corriendo con los toros sonriendo.
Para quien no conozca a su padre, es un corredor americano que tenía una melena rubia, era delgado…
Era modelo en París.
Además, muy ágil delante de los toros, muy elegante… ¿Cómo vives tú ahora San Fermín con ese recuerdo de tu padre?
Para mí es muy importante, yo tengo fotos delante de este Bar Txoko con dos años. Me traían en los años 80 y he crecido viniendo aquí. Ahora, vivo en Madrid, y vengo cada año; corro con los toros, pero ahora más tranquila.
Cuéntame como corredora cómo es vivir el encierro de Pamplona para ti.
Es siempre una adrenalina, pero la tradición de ir a cantar el Cántico a Santo Domingo me encanta y voy ahí, si puedo, para correr.
¿Llegaste a correr a la vez que tu padre?
No.
¿Él te vio correr?
No, él murió en 1988, yo tenía 10 años, pero, después, he aprendido mucho de sus amigos.
Seguro que desde donde esté está super orgulloso de ver que sigues su paso y que estás manteniendo viva una tradición que él amaba tanto…
Espero que sí.
Muchas gracias, un abrazo, y ojalá cada americano que venga aquí siga la estela de tu padre porque es una leyenda del encierro de Pamplona.


