Sexto peldaño de la Escalera Sanferminera 2026: Todos fuimos esos niños

6 del 6.
6 de junio.
Penúltimo peldaño de la Escalera Sanferminera.
Para mí el más especial de todos, ese peldaño que nos pone los nervios a flor de piel y la ilusión en todo lo alto. De eso toca hablar hoy: de ilusión. Pero también de responsabilidad, respeto y valores. 

6 del 6. La espera está llegando a su fin.
Pero no sólo la espera de un corredor,
No sólo la espera de un aficionado,
Ni la de los pastores,
Ni la de un periodista o fotógrafo,
Ni la de los ganaderos,
Ni la del torilero,
Ni la de los carpinteros, los cuales ya han comenzado con su particular San Fermín.
También está llegando a su fin la espera de los niños.
De los niños sanfermineros.

Esos niños que sueñan con vestirse de blanco y rojo.
Esos niños que sueñan con correr algún día delante de los toros.
Esos niños que juegan a cantarle a San Fermín a menos cinco.
unos imitan a los mayores y hacen de corredores,
otros hacen de toros.
Esos niños que sueñan con el adoquín.
Esos niños que cogen el periódico, aunque sólo sea para guiar toros imaginarios.
Esos niños que son, sin duda, el futuro de la fiesta y del Encierro de Pamplona.

Esos niños que están mamando lo que somos.
Esos niños que, sin querer, están aprendiendo.
Aprenden cuando juegan.
Aprenden cuando sueñan.
Aprenden cuando sienten.
Cuando observan.
Cuando preguntan.
Cuando escuchan.
Aprenden cuando ven cómo nos comportamos.

Porque los niños no sólo aprenden el Encierro cuando les hablamos de él.
Lo aprenden cuando nos ven vivirlo.
Cuando lo viven a nuestro lado.
Cuando lo sienten con nosotros.
Nos observan cuando respetamos.
Y nos observan cuando no lo hacemos.
Nos observan cuando ayudamos.
Y cuando miramos hacia otro lado.
Nos observan cuando honramos el Encierro.
Y cuando lo profanamos.
Nos observan cuando somos ejemplo.
Y cuando no lo somos.
Nos observan cuando corremos bello,
Y también cuando empujamos. 

Aprenden por imitación,
Aprenden de sus abuelos,
Aprenden de sus padres,
Aprenden de sus ídolos,
Y de lo que escuchan de ellos
Y de lo que ven en ellos. 

Ven cómo se canta tres veces a San Fermín en Santo Domingo,
Con los periódicos al cielo, con respeto, con fe, con miedo, con determinación,
Ven cómo se visten,
Ven el compañerismo.
Cómo saludan, cómo se abrazan.
Ven cómo se colocan los corredores, sus corredores, en el centro de la calle.
Cómo respetan.
Ven la felicidad tras una buena carrera.
El dolor en un mal día.
Ven cómo se ayudan.
Ven cómo se levantan.
Ven y escuchan cómo, todos, hablamos del Toro.

Y todo eso lo ven con una mirada limpia, inocente.

Porque en esa mirada limpia es donde se esconde la pureza del Encierro.
En sus pequeños corazones se custodia la esencia de lo que somos.
Ellos descubren la magia del adoquín mucho antes de pisarlo,
y buscan en nosotros la verdad de un rito único y sagrado.

Con los ojos llenos de ilusión, y los oídos bien abiertos.
Escuchan atentos, soñando, aprendiendo, imaginando.
Aprenden de ganaderías.
Aprenden de valores.
De carreras.
De humildad.
De respeto.
Aprenden de Toros.
Pero sobre todo: Sienten. 

Sienten esa bendita llama que a todos los sanfermineros nos hace arder por dentro esos 9 días de julio.
Sienten emoción,
sienten pasión,
sienten adrenalina,
sienten miedo,
sienten alegría,
sienten.
Sienten. Sienten.

Sentimiento. Eso es lo que es el Encierro de Pamplona.
Mucho más que una carrera, que también.
Mucho más que seis toros y seis bueyes, que también.
Mucho más que 2000 corredores, que también.
Mucho más que una liturgia, que también.
Mucho más que eso.
El Encierro de Pamplona es un sentimiento.
Y una vez te conquista es para siempre. 

Hay niños que dentro de un mes verán pasar los toros por primera vez.
Hay niños que escucharán por primera vez el cántico.
Hay niños que se agarrarán al vallado con la misma fuerza con la que nosotros nos agarramos a los recuerdos.
Hay niños que se enamorarán por primera vez del Encierro de Pamplona.
Y, tal vez, no se acuerden de cada toro.
No recordarán cada carrera.
Pero recordarán cómo nos comportamos. 

Recordarán nuestros gestos.
Nuestras palabras.
Recordarán lo que sintieron.
Y puede que no recuerden la ganadería de su primer encierro en un vallado,
O de su primer encierro en la tele o en la Plaza de Toros,
Pero recordarán a ese mozo del periódico que danzaba perfecto delante de los bureles,
Recordarán a ese mozo sin pelo,
Recordarán la emoción del momento,
Recordarán esa carrera que se les grabó en la retina,
Recordarán los sonidos,
Los cohetes,
Los gritos,
Y recordarán la euforia. 

Tal vez, esos niños no recordarán si una carrera duró dos minutos y dieciocho segundos o dos minutos y veinte.
Pero sí recordarán:
Quién les llevo al Gas,
quién le enseñó a respetar,
quién le enseñó a esperar,
quién le enseñó el recorrido,
quién le enseñó el cántico,
quién le enseñó a admirar al Toro,
quién le enseñó a ayudar a un compañero,
quién le enseñó que el Encierro de Pamplona es mucho más que correr.

Recordarán lo que fuimos, verán lo que somos y soñarán con lo que seremos.
Todos nosotros fuimos esos niños.
Nosotros también soñamos.
Nosotros también imitamos.
Nosotros también nos agarramos a la mano de nuestros abuelos camino al Encierro.
Nosotros también les escuchamos, al abuelo, a la abuela.
También nos aferramos un día a un tablón.
También escuchamos por primera vez el cántico.
Nosotros también cantamos,
periódico, revista o cuento en mano, en una hornacina imaginaria.

Nosotros también madrugamos para encender la tele
y nos levantamos del sillón buscando a un corredor.
Alabando una carrera.
Gritando por un toro suelto.
Por una caída. Por una cogida.
Nosotros también aprendimos.
Nosotros también sentimos.
Y seguimos sintiendo.
De nosotros depende que se siga sintiendo.
De nosotros depende enseñar bien.
De nosotros depende cuidar el Encierro.
De nosotros depende proteger el Legado.

San Fermín no se aprende en los libros. Es una herencia. Es magia. Es legado. Es la infancia. Es historia. Es la vida.
Es lo que fuimos, es lo que somos, lo que seremos y lo que nunca dejaremos de ser.
Es comenzar a ser.
Comenzar a sentir.
San Fermín es esencia.
El Encierro es el alma. 

Porque un día ellos ocuparán nuestro lugar.
Y entonces comprenderán, sin que nadie se lo explique, por qué en Pamplona la vida se mide en julios.

Viva San Fermín.
Gora San Fermín.
Ya Falta Menos. 

A mi abuela Pilar. 

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